
Todo empezó una tarde de marzo si mal no recuerdo, las lágrimas rodaban en mi cara como la lluvia en julio sobre mi ventana. Sonó el teléfono y supe mi realidad, en la que yo ya no existía…me susurré en mi oído calma por mucho tiempo, toda la gente me decía que hay que seguir viviendo, sin embargo nadie me daba el ejemplo. Es muy fácil hablar, muy fácil escribir si no es lo tuyo. El papel aguanta mucho, el oído aguanta mucho, es el corazón el que sufre si realmente lo tienes y lo usas para algo más que bombear sangre.
Es difícil comenzar todo nuevamente sabiendo que ya nada es lo mismo, no sabiendo si es bueno o malo lo que te tocó vivir.